Motivación en el Deporte: el papel fundamental de la atención

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Introducción: la motivación y su papel en el rendimiento deportivo

Andrea es un golfista adolescente. El golf siempre ha sido su pasión y ha sido seleccionado como jugador de interés nacional por la federación italiana. Aunque todo el mundo reconoce sus buenas habilidades técnicas, su profesor se queja constantemente ante sus padres de su pereza y sus padres, por su parte, tienen el mismo problema con la escuela.

Daniel es un tenista de 20 años que busca dar el gran salto al profesionalismo. Abandonó los estudios para dedicarse a su sueño, renunciando a otras alternativas. Tras un periodo como junior en el que obtuvo excelentes resultados, atraviesa un periodo de falta de energía que le impide incluso entrenarse con regularidad.

Manuel es un joven futbolista profesional que juega en la Serie B italiana. Tiene un buen sueldo, todavía se le considera prometedor y una buena temporada podría hacerlo brillar para pasar a un nivel más importante, pero sufre la competencia, no consigue establecer buenas relaciones con sus entrenadores y en el campo juega poco, expresando un bajo porcentaje de su potencial.

Estos tres ejemplos de deportistas fotografiados en diferentes momentos de su evolución, nos llevan a un análisis más profundo de los factores que les permiten expresar las capacidades adquiridas. La motivación es uno de estos factores y podemos encontrarla en las razones explícitas o implícitas que nos impulsan a actuar en la dirección de un rendimiento ideal. Porque la técnica y el físico no bastan, y a menudo la predisposición natural tampoco: ese sutil factor que muchos llaman talento a menudo es tan sutil que hace dudar de su existencia real.

Motivaciones extrínsecas e intrínsecas en el deporte

Conocer a fondo lo que motiva a las personas a actuar de forma continuada y sostenible a lo largo del tiempo es un objetivo que se persigue desde hace tiempo por su utilidad práctica, especialmente en el mundo laboral. Si un empleado está motivado, rendirá más en su trabajo. Si la mayoría de los empleados están motivados, la empresa puede contar con una mayor productividad.

Aunque los estudios científicos se han alternado durante décadas, ofreciendo diferentes tipos de sugerencias, el tema sigue siendo objeto de debate debido a la dificultad de generalizar sobre impulsos que son en gran medida irracionales y no fáciles de abordar, sin correr el riesgo de manipulación.

Cuando se pregunta directamente a un deportista de competición de cualquier nivel por qué practica deporte, se obtienen, esencialmente, dos respuestas: porque me gusta o porque quiero ganar. Obtener una respuesta sincera a esta sencilla pregunta proporciona información básica fundamental para conocer la mentalidad del deportista y la forma en que utiliza su energía mental.

El deportista que responde «porque me gusta» busca en la actividad deportiva sensaciones positivas que le hagan sentirse bien, que fortalezcan su identidad y satisfagan la imagen que tiene de sí mismo o la que le gustaría tener. Por supuesto, siempre lo hace para ganar, pero la victoria por sí sola no le motiva lo suficiente como para explicar los sacrificios que hace en el entrenamiento y en la competición. Los estudiosos llaman intrínseca a este tipo de motivación porque nace y se desarrolla en el interior de la persona.

En cambio, el deportista que responde «hago deporte porque quiero ganar» busca en la competición una confirmación externa de sus capacidades. Es la victoria o el pensamiento de victoria, y no sus sensaciones durante la competición, lo que le hace sentirse bien, fortalece su identidad y satisface la idea que tiene de sí mismo. La búsqueda de una confirmación exterior hace que este tipo de motivación se defina extrínseca.

Como toda esquematización, esta división entre motivación intrínseca y extrínseca es un modelo básico que probablemente esté muy lejos de la realidad. La oscilación del deportista entre la búsqueda de sensaciones positivas y la búsqueda de confirmación externa es un fenómeno muy común que a menudo impide identificar una prevalencia clara de una sobre la otra. Sin embargo, cuando existe un predominio, debido a que el deportista ha hecho una elección consciente, reforzándola a lo largo del tiempo, entonces es evidente cómo el deportista estimulado por motivaciones intrínsecas consigue resultados mejores y más sostenibles en el tiempo que aquel estimulado únicamente por motivaciones extrínsecas (victoria, dinero y fama).

La importancia de la concentración en el rendimiento competitivo

Hacer algo porque me gusta o porque quiero ganar define el modo en que utilizo mis energías. Es un aspecto de la conciencia que a menudo permanece invisible para los deportistas, que tienden a concentrarse en aspectos más racionales relacionados con su determinación para lograr un determinado tipo de resultado. Sin embargo, no se puede ganar simplemente por buena voluntad: hay que crear las condiciones para lograr un rendimiento que aumente la probabilidad de victoria. ¿Dónde empieza la creación de estas condiciones? Precisamente de la forma en que se emplean los recursos personales.

Quien es consciente de tener una motivación intrínseca puede prestar atención más fácilmente a los pequeños gestos que, en cada momento, construyen el resultado. Pues son estos gestos los que transmiten energía y motivación, devolviendo las sensaciones positivas que busca el deportista.

Por el contrario, quienes se sienten motivados principalmente por el resultado a alcanzar, corren el riesgo de convertir el objetivo en una obsesión tal que el deseo de éxito se convierte en un obstáculo para el rendimiento. Cada error que se interpone en el camino del éxito puede pesar como una piedra, mientras que cada buena actuación puede cargar con demasiada presión y responsabilidad.

Estos casos son muy comunes y la tendencia de muchos deportistas es aumentar aún más la obsesión por el éxito, en lugar de intentar desarrollar una visión más amplia de los factores relacionados con la motivación.

Según el científico Daniel Goleman, autor del libro «Focus», lo determinante, no es el pensamiento, sino la atención a mis acciones, que determina el uso eficaz de nuestras capacidades. Así pues, la atención se define como «el motor oculto de la excelencia».

Técnicas de entrenamiento mental en el deporte

La atención se puede entrenar de muchas maneras diferentes, pero las técnicas de entrenamiento mental sin una conciencia plena no son más que una búsqueda inútil de fórmulas mágicas. Solo el deportista que es consciente de sus recursos y de los mecanismos del rendimiento ideal puede entrenarse de manera eficaz a nivel técnico, físico y mental. No se puede esperar que una modalidad de entrenamiento específica aporte mejoras si el deportista no sabe exactamente por qué la utiliza y en qué dirección va.

El entrenamiento de la atención se puede incorporar incluso al entrenamiento físico y técnico, simplemente prestando especial atención a la escucha de las sensaciones durante las mismas actividades. Escuchar las sensaciones permite limitar el pensamiento, favorecer la acción natural e instintiva y mantener la atención en los gestos en cada momento.

El entrenamiento visual también reviste especial importancia. Estudios científicos han demostrado que un uso eficaz de la vista tiene un efecto directo sobre la atención: el tenista atento mira la pelota en el momento del impacto con la raqueta, lo mismo hace el delantero centro con el balón a pesar de la acción del defensa, e incluso el mejor piloto de Fórmula 1 es el que mantiene la mirada en el punto de frenada y al mismo tiempo utiliza todo su campo visual para contrarrestar el ataque del piloto que tiene detrás.

Un entrenamiento visual específico puede estructurarse con o sin el uso de tecnología: cuanto más sencillo sea el entrenamiento, más podrá llevarlo consigo el deportista en cada situación. Desde este punto de vista, los videojuegos, los vídeos, los juegos sencillos con la pelota o con los dedos y las técnicas de respiración pueden ayudar al deportista antes o durante la competición. El entrenamiento mental siempre se personaliza con la participación del deportista.

La importancia de la motivación en los jóvenes

El deporte es un importante gimnasio de la vida donde se pueden experimentar, en un entorno protegido y con reglas precisas, situaciones difíciles que ayudan a crecer y madurar. Es una pena cuando se leen las estadísticas referidas al abandono del deporte por parte de los adolescentes. El fenómeno alcanza su pico en torno a los dieciséis años, una edad delicada en la que el deporte podría constituir un punto de referencia importante para otros aspectos de la vida personal.

Entre los factores que contribuyen al abandono de la práctica deportiva sin duda cabe citar la excesiva competitividad existente en muchos entornos deportivos. Si eres bueno puedes competir, si no, te quedas al margen. En una época de grandes cambios que son en sí mismos una fuente de presión y en la que las exigencias escolares son cada vez mayores, centrarse excesivamente en los resultados conduce a una caída drástica de la motivación.

También es necesario crear el entorno adecuado para los que quieren vivir el deporte sin estar interesados en una fuerte competición. Por el contrario, para los deportistas de competición es necesaria una preparación que les permita ser más conscientes de sus recursos y de la forma más eficaz de utilizarlos, de modo que puedan manejar de forma positiva las tensiones naturales de los desafíos deportivos.

La desmotivación deportiva y el burnout (síndrome de desgaste)

La salud mental de los deportistas está cada vez más en el centro del debate público, no tanto porque haya una mayor conciencia sobre el tema, sino sobre todo por los casos de deportistas de alto nivel que abandonan o tienen que tomarse períodos prolongados de descanso para recuperar un equilibrio psicofísico satisfactorio. La presión de las expectativas asociadas a los resultados, que puede afectar a cualquier persona y no solo concierne a los profesionales de alto nivel, puede generar un estado de activación crónica, la incapacidad de recuperar un nivel de tensión fisiológica y un desgaste constante de la energía mental.

Actualmente, los clubes deportivos cuentan con profesionales para tratar estas situaciones, pero lo que hay que hacer es una verdadera actividad de prevención. La clave es siempre la conciencia y el conocimiento de sí mismo. El deportista consciente trabaja sobre sus recursos, conoce sus límites, permanece concentrado en sus gestos y ve el resultado como una consecuencia, más que como un objetivo que hay que alcanzar a toda costa. Este tipo de prevención, de forma aparentemente paradójica, favorece la calidad y la sostenibilidad de los resultados. Además, preserva el capital fundamental del mundo del deporte: el deportista, el sol alrededor de que gira todo lo demás.

 

Autor del artículo: Mental Coach Stefano Nicoletti 

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